viernes, 28 de abril de 2017

La casa Braniff / Amor en la Rivera de San Cosme N°15




Desde 1898 -con miras a edificar una casa para su futura esposa Elena Amor Vivanco-, Tomás Braniff había adquirido un magnífico terreno con 26m de frente sobre la Rivera de San Cosme N° 15 y unos 4,000 m² de lo que años atrás habían sido los huertos de la casa de campo de don Anacleto Polidura y Josefina Eguia y Gil. Para 1900, se terminó la remodelación de lo que sería residencia de la familia Braniff/Amor, y que diez años después sirvió como albergue temporal a los militares de la legación francesa -encabezada por el Almirante De Lacroix de Castries-, presentes en las fiestas del Centenario de la Independencia de México, a partir del 13 de Septiembre de 1910. Ni de casa o jardín queda huella alguna…


En la imagen de arriba, un fragmento del plano de la Ciudad de México correspondiente a 1907 -que reproduzco gracias a la generosidad de Javier Balbás-, he marcado la extensión original de aquel terreno, limitado en amarillo y naranja: Sobre el amplia sección norte -limitada en color naranja-, para 1905 se lotificó “Santa María la Rivera” y en 1906 edificó el “Palacio de exhibiciones” que ahora conocemos como “Museo del Chopo” , abriéndose la “Calzada del Ferrocarril” (hoy Héroes ferrocarrileros) y la prolongación de la calle del Chopo (hoy dedicada al Dr. Enrique Gonzalez Martínez) ; la sección limitada en amarillo, se mantuvo como casa hasta 1937, año en que se prolongó la calle Del Chopo hasta la Rivera de San Cosme, fraccionando el jardín y destruyendo la que había sido casa Braniff/Amor.


La calzada existió desde tiempo prehispánico ya que había sido el terraplén que conectaba Tenochtitlan con Tlacopan hacia el poniente, y en su tramo lacustre recibía el canal que sustentaba con el agua de Chapultepec a la pretérita ciudad. Luego de la conquista y desde el siglo XVII (1650) recibió un acueducto elevado que llevaba el agua desde los veneros de Santa Fe - pasando por Chapultepec y siguiendo lo que hoy conocemos como “Circuito Interior”- hasta la “Fuente de los músicos” en la Tlaxpana y luego en línea casi recta hasta la fuente de la Mariscala al nor-oriente de la Alameda.

Arriba, un magnífico lienzo que se conserva en el Museo Nacional de Historia, en que aparece “Planta y descripción de la muy Noble e Imperial Ciudad de México”; en la poco común perspectiva a ojo de pájaro mirando de Este a Oeste, la ciudad virreinal aparece abajo a la izquierda (como referencia, una estrella marca el “Zócalo”) y se distinguen en la parte alta los acueductos de Chapultepec (izquierda) y Santa Fe, que convergen hacia la loma de Chapultepec. En la parte de arriba y derecha del óleo, aparece el camino que en lejanía lleva al pueblo de Tacuba, y la sección del acueducto que he remarcado en naranja, que luego de pasar frente al Templo y hospital de San Cosme y San Damián (37), bordea la llamada “Rivera de San Cosme” y los terrenos que pertenecerían a la familia Polidura/Eguia (señalados en rojo).

Aquel acueducto con agua de Santa Fe, llegaba a Chapultepec y bordeaba lo que hoy conocemos como Calzada Melchor Ocampo y la Calzada de la Verónica (integradas al Circuito Interior), hasta llegar a la Ribera de San Cosme donde torcía hacia el oriente, por la hoy calle Virginia Fábregas, frente a las calles de Joaquín Velázquez de León y Manuel María Contreras de la colonia San Rafael; abajo, en una “Carte de visite” que reproduce un grabado de Casimiro Castro, esa zona del acueducto por 1860, donde se distingue la “Fuente de los músicos”.


Recuérdese que aquella calzada que comunicaba México con Tacuba y estaba antepuesta de tenaz acueducto, había sido sitio elegido para edificar fincas de descanso entre las que desde 1766 destacaba ya “la casa de los mascarones”, edificada originalmente para José Diego Hurtado de Mendoza, Peredo y Vivero, Conde del valle de Orizaba (foto de abajo) que aún se conserva en el sitio. Otra villa digna de nota sería la levantada por el arquitecto Manuel Tolsá, construida por orden de la marquesa de Selva Nevada -María Josefa Rodríguez de Pinillos y Gómez de Bárcena- como residencia para su hijo, el Conde de Buenavista, terminada en 1805 y que hoy conocemos como “Museo de San Carlos”; finalmente, digna de mención -aunque ya desaparecida- es la villa que para su familia diseñara hacia 1860 el arquitecto Lorenzo De la Hidalga y de la que no queda vestigio alguno (ver: https://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/05/villa-del-arquitecto-de-la-hidalga-en.html)


Arriba, “La casa de los Mascarones” en una fotografía de 1899; abajo, en una pintura anónima, fechada en 1830 que pertenece a la colección Mayagoitia y mira hacia el oriente justo al otro lado de la iglesia de San Cosme y San Damián, aparecen la sección arbolada de “Rivera de San Cosme” y el Acueducto de Santa Fe que según nos dice Raquel Pineda Mendoza se había terminado a mediados del S. XVII, y que para el S. XIX muchos llamaban “Acueducto de la Verónica” y otros "Acueducto de San Cosme". Justo frente a la franja arbolada, aparecen los predios que hacia 1845 adquirió don Anacleto Polidura a fin de construir una casa de campo que en 1850 le edificaría el arquitecto Lorenzo Hidalga y Musitu.



De la casa Polidura/Eguía frente a Rivera de San Cosme no queda huella, pero perdura un lienzo de Éduard Pingret “Retratos de Anacleto Polidura y sus hijos” -donde aparecen don Anacleto y sus hijos mayores Santiago y Luis Gonzaga- (ca. 1852, lienzo que ahora pertenece a la colección del Banco Nacional de México) en que podemos ver lo que pudo ser un magnífico portal y una vista hacia el sur-poniente, donde -a la derecha- aparecen el acueducto de Santa Fe, así como la iglesia de San Cosme y San Damián.



Complemento a la pintura anterior, Pingret retrató también a Josefina Eguía y Gil de Polidura con su madre Justa Gil y la pequeña Trinidad Polidura Eguía (ca. 1852, y que pertenece también a la colección del Banco Nacional de México), aunque ahora con la vista contrapuesta de la casa (hacia el nor-oriente), mirando hacia la extensa propiedad del Rancho de Santa María, el Rancho del Chopo y los terrenos en que años después se edificarían las estaciones del Ferrocarril Mexicano de Buenavista y Ferrocarril Central, con la Villa de Guadalupe y su “Cerro los Gachupines” como fondo. Es interesante notar que al centro, además aparecen también sus hijos mayores Santiago y Luis Gonzaga Polidura, traveseando en un fantástico “cabriolet”…



Gracias a algunos documentos publicados en el período, sabemos que hasta 1870 la propiedad seguía en manos de don Anacleto y que a la casa le correspondían los números 15 y 16 de la Rivera de San Cosme, pero luego de su muerte el 22 de febrero 1892, la casa fue modificada, los jardines lotificados y el extenso Rancho de Santa María, junto con el Rancho del Chopo, incorporados a la urbanización de “Santa María de la Rivera”, subdivisión que había iniciado gestiones desde 1859.




La residencia de don Tomás Braniff Ricard y Elena Amor Vivanco se había edificado como residencia del general Couttolenc a partir 1889 sobre una fracción de la casa Polidura Eguía, frente a la zona ampliada de la Rivera de San Cosme, luego de que se demoliera por completo el acueducto de Santa Fe, que llevaba agua desde la serranía, pasando frente a Chapultepec y hasta la fuente de la Mariscala detrás del Convento de Santa Isabel (donde ahora está el Palacio de Bellas Artes), luego de haber pasado por la hermosa “Fuente de los músicos” (la Tlaxpana), lamentablemente destruida también en 1899…




Tomás Braniff Ricard (1878-1942) era el tercer hijo de Thomas Braniff Woods y Lorenza Ricard Werdalle (Ver: https://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2013/01/casa-braniffricard-en-paseo-de-la.html ) y hermano mayor del aventurero piloto Alberto Braniff; desde 1898 había demostrado sagaces destrezas administrativas aunque personalidad arrebatada, al grado de que para 1902 apareció plasmado en “El Mundo Ilustrado” luego de una de sus riñas con Manuel Rincón Gallardo en pleno Paseo de la Reforma… (Agradezco la imagen a Iván San Martín)



Tomás y su hermano Óscar Braniff se coligaron en diversos negocios, formando parte de varios consejos de administración, entre los que destacaba la fundación de la “Compañía de Seguros La Latinoamericana” y una compañía para la “explotación de la fuerza hidráulica de los ríos Atoyac y Tuxpango”; además, de entre aquellos negocios hay que resaltar el haber recogido la Hacienda de Monte Blanco en el estado de Veracruz, luego de su matrimonio con Elena Amor Vivanco que la había recibido de su padre, don José Amor Escandón.


La Hacienda de Monte Blanco, que según nos cuenta Carmen Collado contaba 2,737 hectáreas, fue administrada por Tomás Braniff con un sentido empresarial y moderno, por lo que resultó una de las mayores productoras del café de mejor calidad en la primera década del siglo XX. Arriba, el lienzo “Hacienda de Monte Blanco, Veracruz” (pintado en 1879 por Eugenio Landesio y terminado por José María Velasco, que ahora pertenece al Instituto Veracruzano de la Cultura) nos muestra la hacienda cafetalera de don José Amor Escandón que pasó a manos de Tomás Braniff en 1900 y sería una propiedad atesorada y conservada aún luego de la Revolución.



Así como los padres de Tomás había escogido el Paseo de la Reforma como sitio de inversión y residencia, Tomás eligió la Rivera de San Cosme de donde ya se había retirado el acueducto en 1895, que en ese sitio se ensanchaba y había evolucionado en franja residencial que contenía al trazo de la Colonia San Rafael al otro lado de la calle; ahí adquirió en 1898 un amplio terreno con más de 4,000 m² y varias edificaciones que eventualmente se convertirían en parte de la Colonia “Santa María de la Rivera”, que hasta hacía poco tiempo habían sido parte de la villa campestre de la familia Polidura y que eran propiedad del general José Maria Couttolenc (Gobernador y Comandante Militar del Estado de Puebla). Arriba, en el plano de la Ciudad de México que corresponde a 1888, he marcado con una estrella el terreno con frente a Rivera de San Cosme, adquirido por Braniff en 1889.


Arriba, en una tarjeta postal coloreada de Latapi y Bert captada en 1904, la “Calle de la Ribera de San Cosme”, donde resalta la casa Couttolenc (ya Braniff/Amor), por estar pintada en color rojizo; los vecinos de Braniff eran por entonces Howard C. Walker -en San Cosme 4-, José Martínez del Cerro -en San Cosme 14-, Julio Seckach -en San Cosme 36-, Ignacio Ferrer –en San Cosme 38-, así como Pablo Escandón en la siguiente cuadra, donde la calzada ya se llamaba Buenavista antes de transformarse en Puente de Alvarado.

Abajo, y como complemento a la imagen anterior, una “Vista de la Rivera de San Cosme” hacia 1910, con las opulentas casas que para entonces ahí se habían ya edificado y donde entre las ramas del árbol, se distingue la casa Braniff/Amor; sorprendentemente, al paso del tiempo las dos edificaciones a la derecha de la fotografía aún se conservan.


La casa Braniff aprovechaba la orientación sur con un frente de 26 metros a la calle con amplio camellón, frente sobre el que se desplantaba una construcción alineada a las demás y edificada en dos niveles en torno a un patio. Al poniente, la casa aún colindaba con los restos de una edificación anexa a la casa Polidura/Eguia que para 1910 sería ampliamente modificada por don José Martínez del Cerro. En la imagen de abajo, captada hacia 1901, puede vérse la casa (señalada por la flecha) así como la amplia calle ya sin acueducto de Santa Fe, y se distingue a la derecha la aún pródiga arboleda que rodeaba la casa de don Pablo Escandón (Buena Vista N°1).



Luego del matrimonio en diciembre de 1899, Tomás entregó la casa a su esposa María Dolores Elena Mucia Juana Nepomucena Carlota Amor y Vivanco de Braniff, hija de Elena Vivanco Lama y don José Amor Escandón (hermano de María de los Dolores -Paulette- Amor Escandón [madre de Elena Poniatowska] e hijos de Dolores Escandón Garmendia, hermana de María Francisca Escandón Garmendia, Dama de Compañía de la Emperatriz Carlota y madre de Guillermo De Landa y Escandón).

Dado que la unión aglutinaba una vasta fortuna ligada a tierras y capitales, durante los siguientes años la ponderada edificación se acondicionó y decoró hasta tener la apariencia que en 1910 se registró en fotografías de Guillermo Kahlo, a fin de ilustrar la “Crónica Oficial de las FIESTAS DEL PRIMER CENTENARIO de la INDEPENDENCIA DE MÉXICO” de Genaro García.



Como era común en el período, la casa se decoró al interior en licencioso eclecticismo, con habitaciones respondiendo a los diversos estilos que el gusto de los propietarios dictaban; en la planta alta, el gran salón que miraba a la calle se decoró “a la manera francesa”, con elementos reminiscentes de un insólito “Louis XVI”, que quisiera recordar los diseños de Louis-Gustave Taraval o Ange-Jacques Gabriel en el Petit Trianon. La decoración hace homenaje a los 1760’, cuando se había abandonado el rococó para apuntar hacia el neoclasicismo, visto por la lente del academicismo decimonónico…


En la imagen destacan en primer plano la “silla tú y yo” (también llamadas confidentes) los sillones que rinden homenaje a Luises diversos, y los distintivos candiles de claro ascendiente Louis XVI.


Al lado opuesto de la casa, mirando hacia el extenso jardín por una amplísima bahía acristalada, el comedor hacía referencia a decorados renacentistas y coloniales, con una sorprendente variedad de elementos de narrativa medieval, barroca, neoclásica y académica...


Enmarcada por los oscuros paneles de madera trabajada, resaltaba la chimenea de escogida inspiración francesa, contrastando con el luminoso cierro usado a manera de “Jardin d´Hiver” y sus columnas de exuberante orden casi corintio. A los visitantes seguramente llamaban la atención las sillas de tradición virreinal y su trabajo en cuero rojo con decoraciones doradas así como el candil de hierro forjado y doce luces.


Al costado oriente, la biblioteca hacía gala de referencias históricas, donde deben haber sido memorables las vidrieras de libreros, el extravagante candil de hierro, y sobre todo el cuidadoso trabajo de ebanistería que decoraba chimenea, paneles diversos y hasta la viguería.


En la imagen de esa habitación, siempre me ha llamado la atención la mesa central, que probablemente perteneció a una sacristía y con su talla barroca es un magnífico ejemplo del trabajo que se ejecutaba en la Nueva España cuando llegó la novedad de la pata cabriola.


La habitación más distintiva era indudablemente el salón fumador, que con decoración “morisca”, debió resultar célebre por la influencia mudéjar que revivía…

Muy a la manera de la tradición decimonónica, contaba desde arcos de herradura, apuntados y con decoración lobulada y alfiz, hasta exuberantes muebles henchidos de almohadas sobre alfombras, y un otomano donde comer aceitunas en escabeche, tomar café y jugar a los dados bajo la lámpara marroquí…


Aunque memorable, el salón fumador de la casa Braniff no era excepcional, y rivalizó con dignidad frente a los salones diseñados en Puebla por los hermanos Arpa (2 Norte, N° 402 -Puebla-) y decorada compostura frente al “Salón Morisco” que se diseñara en el Palacio Nacional para el Presidente Díaz y que sobrevive indemne hasta nuestros días...





Al exterior, la casa contemplaba un amplísimo jardín con más de 3,000m² que hospedaba aves exóticas y hasta daba cabida a un lago en que se podía remar. En la fotografía de 1907 se distingue una pareja y su perro al borde del estanque, al lado del que un pabellón a manera de Monóptero griego (modelado según el Monóptero en Esch-sur-Alzette, Luxemburgo) invitaba al descanso.



Ese jardín al lado de la Rivera de San Cosme, debió ser espectacular en 1900, pero sería seccionado al ampliar y continuar la calle de El Chopo (que ahora llamamos Dr. Enrique Gonzalez Martínez) cuando en 1905 cedió más de 2,000m² para el fraccionamiento de “Santa María la Rivera” y un sitio donde montar una estructura que el incansable don José Landero y Cos había adquirido en Düsseldorf un par de años antes. Como referencia, en la fotografía de abajo, aparece detrás de los flamencos, el lago y el pabellón circular, la estructura del “Palacio de Exposiciones” que ahora llamamos “Museo del Chopo”…



Aquella estructura había sido diseñada por Bruno Möhring y fabricada para la empresa metalúrgica Gutehoffnungshütte Gasmotorenfabrik Deutz (literalmente la Buena cabaña de la esperanza y fábrica de motores de gasolina de Deutz) como estandarte para exhibirse en la “Exposición de Instalaciones y Arte Industrial de Düsseldorf”-Alemania- en 1902, dentro del conjunto ferial sobre la ribera del Rin. El grandilocuente pabellón metálico de la Gutte Hoffnungs-Hütte llamó poderosamente la atención de José Landero y Cos (hermano menor de Francisco Landero y Cos, Gobernador de Veracruz y secretario de Hacienda en los gobiernos de Porfirio Díaz y Manuel González) que -por sugerencia de su esposa, Gabriela Castaños Lazcano de Landero- decidió comprar parte de la estructura para rearmarla en México como sala de exhibición de maquinaria y para ese efecto, creó la “Compañía Mexicana de Exposiciones”…



Terminada la exposición y luego de desamar la estructura, las diversas piezas se trasladaron por barco hasta Veracruz, transportadas vía férrea a Buenavista y finalmente en carros de mulas hasta el jardín que Landero y Cos compró a Braniff en 1904, en lo que sería ampliación natural de la colonia Santa María de la Rivera -con la prolongación de la calle El Chopo-, y sobre un predio con la peculiaridad de rematar el eje de una calle que -extendida- partía de la Plaza del Ferrocarril de Veracruz, frente a las estaciones del “Ferrocarril Mexicano”, alineada con el “Ferrocarril Central” y “Ferrocarril de Cuernavaca y el Pacífico” en Buenavista.

El montaje del edificio se ejecutó durante 1905, con la supervisión del arquitecto Hugo Dorner y los ingenieros Luis Bacmeister y Aurelio Ruelas.


La interesante imagen de arriba, muestra el pabellón de Bruno Möhring totalmente rearmado en 1906, con la recién ampliada calle de El Chopo en primer plano, y al fondo la arboleda del jardín de la Casa Braniff/Amor. Abajo, repito un fragmento del plano de la Ciudad de México correspondiente a 1907 en que he marcado la extensión original de aquel terreno, limitado en amarillo y naranja: Sobre el amplia sección norte -limitada en color naranja-, para 1905 se amplió “Santa María de la Rivera” y en 1906 inauguró el “Palacio de exhibiciones” de Landero y Cos, abriéndose la “Calzada del Ferrocarril” (hoy Héroes ferrocarrileros) y la prolongación de la calle del Chopo (hoy dedicada al Dr. Enrique Gonzalez Martínez).



Para Septiembre de 1910, como parte de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México, la estructura albergó la “Exposición Japonesa”, cuando ya la Compañía Mexicana de Exposiciones había transferido la propiedad al Gobierno Federal, para instalar ahí el nuevo Museo Nacional de Historia Natural, período en el que le fue dado el nombre de “Palacio de Cristal”, como reminiscencia del Crystal Palace de la “Great Exhibition of the Works of Industry of all Nations” del Londres de 1851.



En 1913 el edificio se convirtió oficialmente en el Museo de Historia Natural, al ser inaugurado por el Presidente Madero, museo que albergó hasta 1963 y muchos aún recuerdan por el esqueleto de Diplodocus fosilizado que se exhibía en la nave mayor…



Durante los festejos el Centenario, a la “Exposición Japonesa” llegaron diversos dignatarios cuando el 2 de septiembre fue inaugurada por el presidente Díaz, mientras que apenas a unos pasos -en la casa Braniff/Amor-, se albergaban los miembros de la comitiva militar enviada por la República Francesa con el coronel Detrie y el capitán Mittelhauser, encabezados por el señor almirante De Castries; el resto de la legación francesa, se albergó en la embajada de la Colonia Juárez, donde pernoctaban S.E. el Embajador Paul Lefaivre y su esposa.

Es interesante hacer notar que también para 1910, Albeto Braniff -hermano menor de Tomás- había traído por barco y tren a la ciudad -desarmado- el biplano Voissin que había comprado en Villancourt -Francia- el año anterior. Muy cerca de la estación de Buenavista, en los terrenos llanos de la Hacienda de Balbuena -propiedad de la familia Braniff-, hizo construir el primer hangar en México y el 8 de enero de 1910, con Alberto Braniff frente a los mandos, el avión Voissin tomó altura y así, un aparato más pesado que el aire voló de forma controlada por primera vez en Latioamérica. El histórico vuelo en la foto de abajo, donde curiosamente aparecen al fondo las torres del “Palacio de Cristal”…



Luego de los festejos de septiembre de 1910 y durante la agitación revolucionaria, la familia Braniff/Amor se mantuvo al margen, aunque la tradición decía que “…los Braniff no son calladitos…”; pero luego del asesinato de Madero y en actitud conservadora, Tomás Braniff apoyó tibiamente a Victoriano Huerta, y la confrontación posterior obligó a doña Lorenza y sus 6 hijos a exiliarse en 1914, según nos dice Guadalupe Silanes.

La historia cuenta que Venustiano Carranza había pronunciado una severa amenaza: ‘si no salen, no respondo por la vida de los Braniff’ y así, don Tomás se mantuvo fuera hasta que las apostelas de expropiación llegaron a la Hacienda de Monte Blanco.


En la imagen de arriba, una toma oblicua de la Compañía Mexicana de Aerofoto fechada en 1930, he marcado la casa Braniff/Amor y su jardín. En la foto pueden también distinguirse el entonces Museo Nacional de Historia Natural al lado de la marca, la ya urbanizada colonia Santa María la Ribera, así como las instalaciones de las estaciones ferroviarias de Buenavista, que aglutinaban las estaciones del “Ferrocarril Mexicano”, “Ferrocarril Central” y “Ferrocarril de Cuernavaca y el Pacífico”.

Abajo, en otra imagen oblicua también de la Compañía Mexicana de Aerofoto -fechada ahora en 1936- y captada cuando ya se había terminado la remodelación de la estructura central del Palacio Legislativo -para transformar la cúpula y vestíbulo de Pasos Perdidos en Monumento a la Revolución Mexicana-, he señalado el frente de la casa Braniff frente a Rivera de San Cosme; nótese que aún subsiste la densa arboleda del jardín que se distingue fácilmente entre la casa y la estructura del entonces Museo Nacional de Ciencias Naturales.



Al paso de los años, la vida de don Tomás Braniff cambiaría radicalmente, ya que para 1937 -a los 59 años- contrajo segundas nupcias con Luisa Dandini Jáuregui (1879-1970) a raíz de lo que decidió deshacerse de la casa de San Cosme, edificación que fue destruida -junto con la casa de don José Martínez del Cerro y que probablemente aún conservaba parte de la estructura de la casa Polidura- para dar continuidad a la calle de Chopo y conectarla con la ahora avenida Ribera de San Cosme (en 1936 la comisión de Nomenclatura de la Ciudad de México modificó una letra y Rivera paso oficialmente a ser Ribera); además, el jardín se fraccionó y hacia el oriente abrió con una nueva calle dedicada ahora a don Manuel Orozco y Berra.



Aunque mucho del patrimonio familiar había sido confiscado durante la lucha armada (la casa de doña Lorenza en Paseo de la Reforma fue ocupada por las fuerzas de Álvaro Obregón) luego de algún tiempo y arduas negociaciones por parte de Oscar y Tomás durante los años veinte, los bienes fueron reintegrados a la familia y el propio Tomás recuperó las tierras de Monte Blanco, aunque debió entregarlas a sus deudos. Luego de la repartición de tierras que siguió a la revolución con la reforma agraria, la hacienda de Monte Blanco fue confiscada y ahora el casco del S. XVII que don José Amor Escandón entregara a su hija está en ruinas, aunque la capilla sigue en funciones.







En “La burguesía mexicana: el emporio Braniff y su participación política, 1865-1920”, Carmen Collado nos dice que “…al año siguiente de la muerte de Thomas Braniff, los hijos celebraron un contrato notarial con el arquitecto Augusto C. Volpi que se comprometía a construir en el Panteón Francés (de La Piedad) un hermoso monumento sobre la tumba… Se construyó con mármol y quedó compuesto por una cúpula sostenida por cuatro muros que en cada esquina albergan cuatro finas estatuas de mármol de carrara, el todo con una reja franqueada por una puerta de hierro bañada en cobre…”

Luego de su muerte en 1942, los restos de Tomás Braniff Ricard fueron colocados en la cripta.







Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. A menos que se indique lo contrario, las imágenes provienen de mi archivo, que incorpora imágenes originales recopiladas al paso del tiempo, así como el repertorio de mi padre y parte del archivo de don Francisco Diez Barroso y sus imágenes de Kahlo; si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 60), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…



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