martes, 8 de septiembre de 2015

Casa de don Francisco Espinosa / Relaciones Exteriores, en la calle de Patoni…




Ésta entrada se refiere a la residencia de don Francisco Espinosa –tesorero general de la Federación con Porfirio Díaz y Manuel González hasta 1899– que diseñó y edificó el ingeniero Ventura Alcérreca entre 1893 y 95 sobre la calle dedicada al general Patoni y que ahora conocemos como Avenida Juárez...

Al paso del tiempo, la construcción se transformaría para recibir el Ministerio (luego Secretaría) de Relaciones Exteriores de México y en parte de ése terreno, ahora se levanta la torre de oficinas que en 1970 diseñaron los arquitectos Ramón Torres y Héctor Velázquez para la Lotería Nacional.

Arriba, en una magnífica postal coloreada que corresponde al año 1907 vemos una perspectiva desde el Paseo de la Reforma a su encuentro con avenida Bucareli, donde mirando hacia el oriente la calle de Patoni, aparece en primer término (izquierda) la estatua ecuestre de Carlos IV; la edificación de la derecha –sin mansarda– es la casa N°108 de José María Patoni que se diseñó en 1894 por instrucciones de don Francisco Espinosa; a su derecha, la recién terminada residencia del licenciado Pablo Martínez del Río y Pedimonte.

Abajo, de “México y sus alrededores” –publicado por DECAEN en 1856– un fragmento de la litografía de Casimiro Castro “La Ciudad de México tomada en globo por el Noroeste”, donde se aprecian el Paseo de Bucareli (derecha) y la Alameda (izquierda); al centro, aparece la rotonda en que se colocó la estatua ecuestre de Carlos IV a la que llegaba la avenida que había recibido el nombre de Calle de General José María Patoni (entre Rosales/Bucareli/y el Paseo de la Emperatriz –Reforma– y San Diego -hoy Dr. Mora-) que continuaba hacia el oriente –izquierda– como Calle del Calvario, entre San Diego y Calle Nueva (hoy Luis Moya) para ser llamada luego Calle de Corpus Christi, entre Calle Nueva y López frente al parque de los álamos. Hoy conocemos ese conjunto de calles como Avenida Juárez…



Es importante hacer notar que en 1856 se demolieron las “capillas del calvario”, por lo que desde entonces la avenida era una amplia vía que comunicaba el viejo casco de la ciudad con la primer glorieta del Paseo de Bucareli que poco más tarde se transformaría en el arranque del Paseo de la Emperatriz que hoy conocemos como Paseo de la Reforma.

Más datos respecto a ésta zona, pueden encontrarse en la entrada de “Grandes casas de México” relativa a la casa que en ésa calle construyó el señor Haghenbeck y De la Lama, en Avenida Juárez N°58 (http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/04/la-casa-haghembeck-de-la-lama-en.html)

Justo en ese sitio, donde la ancha Calle del Calvario había albergado una serie de capillas expiatorias “del Sacro-Monte”, a un lado de lo que había sido el inmenso conjunto del Convento de N.P.S. Diego de religiosos descalzos de N.P.S. Francisco, desde 1867 se habían puesto a la venta por Andrés Davis (hijo de la última mariscala de Castilla) los terrenos que habían correspondido al huerto, frente al Hospicio de Pobres y “La Acordada”.


La enorme propiedad que para sí reservó el presbítero Andrés Davis, con frente a la Calzada del Calvario y frente a la 2° calle de Iturbide, lindaba con los predios del Convento de San Diego, en lo que otrora había sido el huerto del convento y donde se abriría la 3° calle de Colón (entre Rosales y espaldas de San Diego). Arriba, un fragmento del plano “García Conde” en la versión editada en Londres a principios del siglo XIX.

Abajo, nuevamente de “México y sus alrededores”, un fragmento de la litografía de Casimiro Castro “La Alameda de México tomada en globo”; abajo, el estupendo parque y al centro de la imagen, la primera rotonda del paseo de Bucareli con la estatua ecuestre de Carlos IV. A la derecha, aparece la portada del templo del convento de San Diego y los amplios terrenos que desde 1867 se pusieron a la venta.



Es precisamente en esas fincas, que don Francisco Espinosa adquiriría en 1889 un terreno frente a la nueva calle de Iturbide –que cortaba de tajo el “Hospicio de Pobres” para dar lugar a la prisión de “La Acordada” –. Abajo un raro daguerrotipo expuesto C.a 1870 (y que hizo público Guillermo Tovar de Teresa) en que aparece la Avenida del Calvario y a la izquierda, las casas que se levantaron sobre la que aún se conocía como Calle del Calvario; a la derecha, en primer plano, la cárcel de la Acordada; se dice que una octava, inscrita en la fachada principal de la prisión advertía: “¡Pasajero! Respeta este edificio,/ y procura evitar su triste entrada;/ pues cerrada una vez su dura puerta/ sólo para el suplicio se halla abierta”.


Aunque por algún tiempo, a la calle se la llamó “La Acordada”, luego del proceso militar de Reforma, en 1883 –durante el gobierno de Manuel González– se le cambió el nombre a fin de rendir homenaje a uno de los militares que habían luchado luego del golpe de Estado de Ignacio Comonfort:

José María Patoni (Guanaceví –Durango–, 1828-1868), fue un militar liberal mexicano que gobernó el estado de Durango. Era recordado porque al término del período de gobierno del Presidente Benito Juárez –no pudiéndose verificar elecciones por el estado de guerra en que se encontraba el país–, formó parte de un grupo de republicanos que sostenían que la Presidencia de la República debía ser asumida por el Presidente de la Suprema Corte (y no Sebastián Lerdo de Tejada), postura por la que fue asesinado años después en 1868.



Es interesante anotar que cuando don Francisco Espinosa adquirió en 1889 un predio sobre la calle dedicada a José María Patoni -justo frente a la 2° calle de Iturbide-, esa era un zona en lo que aún se consideraba la periferia de la ciudad; a pesar de que el Paseo de la Emperatriz ya había pasado a ser Paseo de la Reforma, y había nacido la “Colonia Americana” (que ahora conocemos como Colonia Juárez), buena parte de la perspectiva frente a la propiedad seguía siendo de apacibles terrenos desocupados…

Arriba, en una fotografía cuyo negativo perteneció a la Fototeca de Culhuacán, puede verse la glorieta mayor del Paseo de Bucareli (donde hoy está el “Reloj Chino”) y al fondo de la avenida puede adivinarse “el Caballito” al cruce con Reforma y Patoni.

Abajo, un grabado que representa a don Francisco Espinosa cuando era Tesorero General de la Federación, tomado de “Los hombres prominentes de México”, publicado en 1888 por “Imprenta y litografía LA PATRA” y editado por Ireneo Paz (entonces presidente de la Prensa Asociada de México), en un volumen que pertenece a la Universidad Autónoma de Nuevo León.



La información relacionada con don Francisco Espinosa es comparativamente escasa y apenas Irineo Paz hace referencias a él en “Los hombres prominentes de México” sin mencionar su acción como comandante en 1860 y coronel durante la Intervención.



Gracias al “Directorio Telefónico de la Ciudad de México para el año de 1891” abemos además que en ése período, don Francisco Espinosa vivía a cuatro cuadras de Palacio Nacional –donde se instaló su oficina como Tesorero General–, en la calle de Tiburcio N°17 –también llamada Oriente 10 N°129 (calle que hoy llamamos Avenida Uruguay)–, con teléfono 133; además, poseía una casa campestre en la zona de Tacubaya, aledaña a la enorme propiedad de don Antonio de Mier y Celis (http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/02/la-casa-en-tacubaya-de-la-familia-mier.html), y con teléfono 1010.

La “finca” adquirida en 1889 por don Francisco, sufrió en 1893 algunos ajustes de alineamiento a causa de la apertura de la Avenida Poniente 2 (que hoy llamamos Calle Colón) y para 1894 el terreno de poco más de 1,000 m² y dos frentes, quedó listo para recibir una nueva edificación digna de un alto funcionario del gobierno del presidente Díaz…



El encargo sería entregado al ingeniero Ventura Alcérreca Villanueva, destacado profesor veracruzano de la Escuela de Ingenieros (profesor de Teoría y Práctica de Dibujos Geográficos y Topográficos), fundador desde 1868 de la “Asociación de Ingenieros y Arquitectos de México, A.C”, así como prominente diseñador y constructor.

Arriba, un alzado firmado por el arquitecto Federico Mariscal que tiempo después dibujó la casa a fin de adaptarla para su nuevo uso como Secretaría de Relaciones Exteriores. Aparece la fachada sur de la casa N°108 de la calle General José María Patoni, proyecto que a final de 1894 comenzó a edificarse; la única modificación que hay respecto al diseño original de Ventura Alcérreca es el medallón -blasón oval- del remate central, que ha sido sustituido por un águila…

Abajo, muestro como referencia una de las edificaciones más significativas de la zona; la residencia diseñada por Manuel Tolsá, edificada en 1794 al otro lado de la Alameda, en la Avenida de los Hombres Ilustres (hoy venida Hidalgo) y que por un centenar de años definió la estética residencial de la Ciudad de México.



El ingeniero Ventura Alcérreca diseñó la casa Espinosa en concordancia con las magníficas residencias que por años se edificaban en la avenida que ahora llamamos Juárez y teniendo en mente –como muchos arquitectos– la icónica “Casa Tolsá”; basten como ejemplos la suntuosa edificación que para don Ignacio Torres Adalid y María Juana Rivas Mercado inició en 1884 el arquitecto Antonio Rivas Mercado (véase: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/06/la-casa-torres-adalid-rivas-mercado.html), y/o la espectacular residencia que para don Agustín Haghenbeck Sanromán se edificó entre 1886 y 1887 con proyecto de Ignacio y Eusebio de la Hidalga (véase: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2014/04/la-casa-haghembeck-de-la-lama-en.html) .

Aunque en la Academia de San Carlos las tendencias arquitectónicas habían evolucionado hacia una corriente más acorde al eclecticismo historicista y la integración del clasicismo francés –con sus propagadas Mansardas–, el ingeniero Alcérreca produjo para la casa Espinosa un diseño reminiscente del neoclasicismo anclado en las tendencias del final del siglo XVIII…

La casa, diseñada en 1893 y edificada entre 1894 y 95 bajo la supervisión del ingeniero Alcérreca, aprovechaba el frente sur del terreno sobre la avenida Patoni y dejaba libre la sección trasera hacia la recientemente abierta calle de Colón; la fachada de la residencia Espinosa contaba tres niveles al frente (incluyendo el semi-sótano que se hace evidente por las ventanas a nivel de banqueta) y se organizaba en torno a dos patios, obedeciendo en buena medida a los lineamientos dictados por la tradición neoclásica aclimatada a México.



El diseño de la portada se desarrolla horizontalmente sobre cinco entre-ejes equidistantes y delimitados por mediadores en las colindancias, con suave énfasis en un eje de simetría que se acentúa con el acceso y una dramática cresta. Verticalmente consta de tres cuerpos que exhiben prolija y variada ornamentación neoclásica, que tallada en “cantera parda” muestra en el primer cuerpo pilastrones decorados con florones, y en torno a los vanos, entrecalles que casi se transforman en almohadillado, así como dovelas decoradas con medallones y follaje. Para el segundo cuerpo, las pilastras tritóstilas y pareadas precisan la cadencia de los vanos, que rematados por repisas decoradas con efigies, ménsulas y guirnaldas, se encuadran con tiras de follaje enmarcadas por molduras.

Luego de la cornisa, el remate de la composición enfatiza los ejes con zócalos coronados por macetones de hierro y liberados por barandas de forja, que enmarcan el coronamiento central; éste, custodiado por acróteras a manera de grifo, resalta lo que pareciera un blasón oval –escudo de dignidad o de Damas, terciado en faja con seis bandas horizontales– rodeado de profusa hojarasca.

La fotografía de abajo nos permite deducir el contexto la residencia de don Francisco Espinosa -Tesorero General de la Federación-: Vista desde el Paseo de la Reforma a su cruce con avenida Bucareli –que muchos llamaban “Plaza Reforma”–, aparece en la imagen de 1897 la estatua ecuestre de Carlos IV y a la izquierda la Calle de Rosales. A la derecha la “Avenida Poniente 4” ‒según la nomenclatura numérica instaurada en 1887‒ o Calle del General Patoni, con las casas de las familias De la Serna (que sería adquirida por José Y. Limantour en 1907) y Morán; al extremo derecho de la foto, un fragmento de la casa N°108 que se diseñó en 1893 por instrucciones de don Francisco Espinosa; me fascina el que aparecen los diversos carruajes de la época, con las dos guayín en primer plano, un cabriolé en la esquina del monumento y las berlina de la derecha, complementadas por el carretón del fondo a la izquierda...



Así, la casa fue residencia de don Francisco Espinosa durante cinco años, aunque la opulencia del edificio generó innumerables reconvenciones al tesorero que dejaría su cargo en 1899 para mudarse definitivamente a la casa de Tacubaya al año siguiente, posiblemente desconsolado por la prematura muerte de su hijo. La propiedad se puso entonces a la venta y el momento coincidió con la reorganización de las oficinas de diversas dependencias que recibían cobijo en el edificio de Palacio Nacional.

Como resultado de la consolidación del Ministerio de Relaciones Exteriores y su re-organización en 1895 por disposición del General Díaz, se hizo indispensable una sede más extensa, pues las oficinas en el Palacio Nacional no permitían ya ampliación alguna; el gobierno federal decidió comprar, en mayo de 1901, la casa propiedad de don Francisco Espinosa, ubicada en General Patoni N°108, propiedad que sería adquirida en “trescientos y tantos mil pesos”, así como dos casas aledañas de la 3ª calle de Colón, fincas colindantes entre sí.

En un fascinante documento, fechado en abril de 1901 por Ramón Ortega y dirigido al “Ministro de Relaciones” -don Ignacio Mariscal- se lee:
“…la ventaja de trasladar ahí las oficinas, es que la casa de don Francisco requerirá muy pocos arreglos para hospedar la dignidad de su ministerio y transformarlo en meritorio cartabón para la acogida de notables extranjeros y sus emisarios… Muy bien lucirá el Águila de nuestro Escudo Nacional en la fachada!”


Arriba, en una postal coloreada fechada en 1905, la calle de “Patoni y Avenida Juárez” mirando hacia el oriente; al centro -fondo-, se aprecia la arboleda de la Alameda y a la izquierda las fachadas que miran al sur sobre la calle de José María Patoni. Desde la izquierda, se pueden distinguir la nueva edificación levantada sobre lo que había sido la residencia Morán, la casa Espinosa –ya transformada en Ministerio de Relaciones Exteriores- y la casa Martínez del Río –donde pasó la infancia del arqueólogo e historiador Pablo Martínez del Río (1892-1963)–.

El Ministerio de Relaciones Exteriores se trasladó a la calle de Patoni en Agosto de 1901, para ser inaugurado oficialmente el 26 de Octubre en una ceremonia en que se recibió a los delegados de la “2° Conferencia Pan-Americana”.

En el documento que describe la apertura del edificio, se dice que: “…la fachada es de estilo serio, y cuadra muy bien con el palacio que hoy representa. Para la ceremonia, se encontraba iluminada á giorno la noche á que nos referimos, y el escudo de armas nacionales, lucía en todo su esplendor, iluminado por focos incandescentes de los colores de nuestro pabellón.”

Se puede inferir que el coronamiento central con blasón oval y rodeado de hojarasca de la casa Espinosa fue suplido por el águila devorando una serpiente del Escudo Nacional.



Continúa la narración de 1901:

“A la entrada hay un patio cuadrangular bastante amplio anexo a uno secundario, en cuyos ángulos se destacaban palmeras, flores tropicales y plantas exóticas de otros países… sin querernos ocupar de la planta baja y sus dos patios, puesto que no tenemos por qué describirlos, diremos dos palabras de la escalera que es un recuerdo del pétit Trianon (sic.), con peldaños de mármol de Carrara y en los descansos de fácil acceso, están colocadas estatuas de bronce, representando una de ellas á un joven con una serpiente que soporta una lámpara de luz incandescente, velada por una gran bombilla de cristal cuajado. Más adelante, en el segundo descanso, está una cegadora que parece lanzarse sobre los que llegan y se le ve en una mano la hoz y en la otra, sostiene un haz de trigo, lleno de luces incandescentes…”



Y sigue la descripción de la inauguración en Octubre de 1901:

“Ancho tapete de terciopelo rojo cubría el centro de la escalera principal, por donde se deslizaban pequeños piececitos calzados con zapatos de raso de diversos colores, que pertenecían a mujeres hermosas, ataviadas con profusa elegancia, y que, al soltar sus largas caudas sobre aquella escalinata, dejaban oír ese fru-fru de la seda, que pone en tensión los nervios…”

“La casa construida por el ingeniero Don Ventura Alcérreca hace apenas unos años para Don Francisco Espinosa, fue diseñada después de haber estudiado muchos planos de palacios europeos. Ahora, esa residencia que el Señor Espinosa consideró demasiado lujosa y no bien atendida para su posición social, es digno marco para que el Señor Lic. Ignacio Mariscal, Ministro de Negocios Extranjeros y su distinguida esposa reciban a la graciosísima concurrencia, con una frase oportuna y de talento al saludarlos…”



“Los salones se pensaban como todos aquellos en que impera el buen gusto, el arte y la elegancia… Espejos magníficos, en los que se reproducían gracias á las mil y mil luces incandescentes, las figuras de hermosas damas y bellísimas señoritas, ataviadas todas con lujosa elegancia… El moblaje es en parte el que se tenía en el salón de la Dependencia en Palacio Nacional, aunque se aprovecharon algunas de las decoraciones del Señor Ingeniero Alcérreca.”

Las tres imágenes de arriba, corresponden a patio trasero, escalera principal y el gran salón de recibir de la casa que había sido de don Francisco Espinosa, fotografiada en 1901 por Charles B. Waite, cuando acababa de transformarse en la Secretaría de Relaciones Exteriores…



Se colige de las descripciones, que las nuevas oficinas y salones de la secretaría a cargo de don Ignacio Mariscal aprovecharon –con pocas modificaciones– la casa que el Gobierno federal había adquirido por “trescientos y tantos mil pesos”.

Abajo, el detalle del “Plano de la Ciudad de México” fechado en Enero de 1907 y que pertenece a la colección Balbás/Diez Barroso, donde aparece marcada en rojo y señalada con el número 77, “La Sria. de Relaciones”; los otros edificios señalados en rojo y con número, son: 76-“La Sria. de Gobernción” en la calle de Humboldt, y 113- “Hospital de San Juan de Dios”(hoy Museo Franz Mayer). Es importante hacer notar que el Paso de la Reforma principia en la glorieta que alberga la estatua de Carlos IV y que la perspectiva de la avenida remata en la esquina que forman la Calle de Rosales y la Calle de Patoni donde se encuentra el edificio que hemos estado describiendo.



El edificio sería escenario de innumerables celebraciones y tribuna para presenciar los desfiles que se organizaban sobre la avenida que traía contingentes desde el Paseo de Bucareli y el Nuevo Paseo de la Reforma o desde la Alameda…


Arriba y abajo, magníficas fotografías fechadas en 1904 y 5, en que aparecen el Paseo de la Reforma y la Calle de José María Patoni, con las residencias de las familias De la Torre/Díaz –a la extrema izquierda– (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2012/11/la-casa-de-la-torre-y-mier-diaz.html), De la Serna –que sería adquirida por José Y. Limantour en 1907– (ver: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2012/11/las-casas-de-don-jose-yves-limantour.html), Morán, Espinosa (ya transformada en Ministerio de Relaciones Exteriores) y la casa Martínez del Río/Vinet.



Cuatro años después de la inauguración del nuevo recinto del ministerio, el arquitecto Nicolás Mariscal y Piña recibe el encargo del Ministro de Relaciones –don Ignacio Mariscal Fagoaga–, para diseñar una ampliación a la que había sido casa de don Francisco Espinosa y que desde 1901 albergaba el Ministerio de Relaciones Exteriores.

Nicolás Mariscal –que casaría el 19 de julio 1913 con Josefina Barroso Corichi–, el mayor de los dos hermanos arquitectos, nació en 1875 en la Ciudad de México, quinto de los siete hijos de Alonso María Laureano Mariscal Fagoaga y Juana Piña Saviñón –Mariano n.1868, Ildefonso n. 1870, María de la Luz n.1872, Alonso n.1873, Nicolás 1875-1964, Carmen 1878-1949 y Federico 1881-1971–. La familia era propietaria de la hacienda La Mariscala, cercana a la ciudad de Querétaro, donde transcurrió la niñez de Nicolás.

Mariscal ingresó a los 15 años a la Escuela Nacional de Bellas Artes de San Carlos, para cursar la carrera de arquitectura, haciéndose acreedor a una medalla otorgada por Porfirio Díaz a los mejores estudiantes. En 1899, se recibió como arquitecto y fundó ese mismo año la revista El Arte y la Ciencia, publicación cuyo objetivo sería dar palabra a los arquitectos, ingenieros y artistas mexicanos. Para 1903, a los 27 años, recibiría el importante encargo de rediseñar una Secretaría de Estado…

En ese mismo año, Federico gana un concurso para el diseño y construcción del “Banco Agrícola e Hipotecario, Mutualista y de Ahorro de México”, edificio que ejecuta al alimón con su hermano menor Federico, inmueble de inspiración veneciana que aún puede admirarse en la calle de Uruguay N°45. Además, ganaría fama con el diseño de la Escuela Superior de Comercio y Administración, construida en 1905, que se edificó en sobre la calle de Enrico Martínez entre Emilio Dondé y Ayuntamiento, frente a la plaza de la Ciudadela.



La obra de remodelación de la casa Espinosa inicia en 1906 con modificaciones estructurales y al año siguiente, con un nuevo diseño autorizado por el Secretario para decorar el nuevo coronamiento de la fachada sur, Mariscal encarga al joven escultor Enrique Guerra la ejecución de cinco figuras –un águila republicana para el remate central, y las representaciones heroicas de Templanza, Prudencia, Fortaleza y Justicia para el ático–.



Esa intervención es relevante por innumerables motivos, pero bástenos señalar tres razones sobresalientes para hacer balance: La nueva estructura, la organización del edificio y sus construcciones anexas, así como el diseño y ejecución de las nuevas fachadas.

Aunque la disposición de la planta baja de la casa Espinosa permaneció sin alteraciones evidentes, el salón principal modificó sustancialmente su altura, por lo que una nueva estructura hubo de ser instituida al edificio original; eso nos lleva a una anotación interesante en cuanto al diseño de Mariscal y la primera estructura de “Betón armado” en México.

En 1901 se estableció en la ciudad la primera empresa constructora de concreto armado formada por el contralmirante Ángel Ortiz Monasterio -padre del arquitecto Manuel Ortiz Monasterio-, representante de la casa Hennebique, el Ing. Miguel Rebolledo y el coronel Fernando González. Desde entonces, el concreto armado encontró rápida aceptación en nuestro país, aunque poca relevancia en las obras de arquitectura.

La primera obra significativa se erigió en la ciudad de Mérida, Yucatán, con el edificio de la “Ferretería el Candado”, construido según escribió Rebolledo a principios de 1904 “... enteramente de Betón Armado desde los cimientos, inclusive columnas y pisos con sobrecarga de mil kilos por metros cuadrado...”

Dice Rebolledo que para el año siguiente, se aseguró un contrato de ejecución para la ampliación de la Secretaría de Relaciones Exteriores, “…inmueble al que correspondió la gloria de haber sido el primero de concreto armado levantado en la ciudad de México…”


En una fotografía de 1909, la nueva fachada sur del Ministerio de Relaciones Exteriores, diseñado por Nicolás Mariscal y Piña. Además de la portada –detrás de la que se esconde la primera estructura de concreto de la ciudad de México–, sorprende la fotografía por los vehículos que aparecen en la toma, en particular el magnífico “Victoria” del primer plano…

Gracias a esa nueva estructura de concreto armado, el salón principal del primer piso incrementó sustancialmente su altura y así dio lustre al nuevo Salón de Recepciones que era ahora punto focal del “Ministerio de Relaciones Exteriores”. Es interesante notar que aunque la decoración no lo hace evidente, el edificio contaba con adelantos técnicos importantes -además de la nueva estructura de sorprendente estabilidad-, específicamente elevador eléctrico, cableado oculto y caldera para agua caliente en los servicios sanitarios.


Arriba y abajo, las imágenes corresponden al nuevo Salón de Recepciones que diseñó Federico Mariscal para el edificio; las fotografías aparecieron en “Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México”, publicado en 1911 por Genaro García.

En el texto, se nos dice que “…la noche del 8 de septiembre (de 1910)… el señor don Enrique C. Creel, secretario del ramo, y su distinguida esposa, la señora doña Angela Terrazas de Creel, ofrecieron una recepción á los Cuerpos Diplomáticos Especial y Permanente y á la sociedad mexicana.”


Y sigue la crónica: “El salón principal, de estilo Luis XIV, llamaba la atención, así por la riqueza de los muros y del plafond, como por la suntuosidad de los espejos venecianos, del mobiliario y los tapices, de las alfombras y los cortinajes.”



Por otro lado, es importante señalar que el proyecto no implicaba únicamente una intervención cosmética; el plan encargado a Mariscal incluía el unificar el funcionamiento y criterio estructural de la totalidad del inmueble que ahora integraba propiedades colindantes, lo que incluía la redistribución de las comunicaciones en el patio posterior, oficinas diversas, instalaciones sanitarias, escaleras y elevadores, así como el diseño de una nueva fachada norte, hacia la 3° calle de Colón.

En ese sentido, es interesante mirar el diseño de aquella fachada secundaria del “Ministerio de Relaciones” con sus características de Palazzo renacentista; la imagen que aparece en “Arquitectura Contemporánea Mexicana” de Israel Katzman, nos muestra la portada que pervivió hasta la destrucción del edificio en 1965 y que responde claramente a los cánones académicos, con elementos que homenajean a Barozzi, Sangallo y Buonarroti.


Para ambas fachadas, Mariscal escogió un lenguaje particularmente sobrio y apartado de la moda imperante –con edificaciones de notable exuberancia ecléctica como los diseños de Émile Bénard para el Palacio Legislativo, Adamo Boari para el Teatro Nacional, o de Emilio González del Campo para el Casino Español–, aunque recordemos que al interior y en su estructura, la reedificación era de sorprendente vanguardia con su estructura de concreto armado…

Esa consideración, nos lleva al tercer punto relevante de la propuesta del arquitecto Nicolás Mariscal:
Para la fachada principal del Ministerio de Relaciones Exteriores de México hacia la calle del general Patoni (que por esas fechas se unificó bajo el nombre de Avenida Juárez luego de la inauguración del hemiciclo diseñado por Guillermo Heredia, y esculturas de Lanzaroni, develado en 1910), Mariscal hizo un encargo de particular relevancia para ornar el nuevo ático de la edificación a un joven escultor, egresado de la Academia de San Carlos y pensionado por el gobierno de Veracruz, recién regresado de París: Enrique Guerra.



Distinta al decadentismo que en la escultura se propagaba durante el período, la obra de Enrique Guerra triunfa a muchos niveles por su equilibrio con la tradición académica, al tiempo que revela una audacia técnica en el manejo de la forma –cosa que se hace evidente en “Sulamite dans le revé”, yeso de la colección del Museo Nacional de Arte.

En palabras de Iván Neria: “Cercana en el modelado a las esculturas del francés Emile-Antoine Bourdelle, en las piezas de Guerra emerge la figura humana a partir de la nobleza de los materiales. Esta sensibilidad cosmopolita es el espíritu de la época que imbuye en el modernismo mexicano de la Belle Époque”.

Enrique Guerra realizó estudios en la Escuela Nacional de Bellas Artes (Academia de San Carlos). Fue discípulo de José María Velásco y del escultor Miguel Noreña. Vivió en París a principios del siglo XX y asistió a la École des Beaux-Arts y a la nueva Académie Julian. Regresó a México en 1906 y por encomienda directa de Nicolás Mariscal, realizó el modelado de cinco sorprendentes estatuas que en Italia se transfirieron a mármol al año siguiente. Al paso de los años, Guerra daría clases en la Escuela Nacional de Bellas Artes, en la Escuela Nacional Preparatoria y en la Escuela de Maestros Constructores.


Arriba, en una fotografía de 1910, tomada durante las fiestas de Centenario que maravillaron a la ciudad con la iluminación nocturna de edificios importantes, la portada del edificio que albergaba el Ministerio de Relaciones Exteriores según apareció en “Crónica Oficial de las Fiestas del Primer Centenario de la Independencia de México”, publicado en 1911 por Genaro García…

Las figuras de la parte superior –un águila de la República y las cuatro representaciones de Templanza, Prudencia, Fortaleza y Justicia-, realizadas en yeso por Enrique Guerra según contrato firmado el 13 de noviembre de 1907, tendrían un período de ejecución de dieciocho meses, incluyendo el traslado del escultor para escoger los bloques y supervisar en Italia la talla de las piezas. Finalmente, por razones que nunca he logrado desentrañar, fue el señor Luigi Bertucci responsable de llevar los moldes a Italia, vigilar el proceso de tallado y traerlas a México donde en Febrero de 1910 Guerra dio los toques finales a las piezas y cinceló su firma.


Arriba, “Templanza” –escultura que de origen se ubicó en el lado Oriente (derecho) el ático del ministerio– en su ubicación actual en Chapultepec, frente a la “Tribuna Monumental”, también diseño de Nicolás Mariscal.

El edificio siguió funcionando por varios años, como ministerio de México ante el exterior aún durante el gobierno de Madero y a lo largo del período revolucionario, como parte de una perspectiva citadina que no solo comprendía las casas aledañas, sino también la estructura de acero para el nuevo Palacio Legislativo en la Plaza de la República. Abajo, una maravillosa vista de la Avenida Juárez –antes Patoni– mirando hacia el Poniente, donde se yergue la osamenta del Palacio Legislativo que luego cedería la estructura central al “Monumento a la Revolución”.



En “Cincuenta Años de Arquitectura Mexicana”-publicado en 1952-, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia nos dice: “En enero de 1923 se me encargó el proyecto de la nueva Secretaría de Relaciones, que a pesar de su estilo, todavía funciona. Se trataba de ampliar el edificio existente que había modificado el arquitecto Nicolás Mariscal y Piña, ampliación y reedificación a su vez, de una residencia.”

Y sigue: “Había que dotar a la Secretaría de espacio para recepción, agregándole el tercer piso… haciendo un gran hall, un salón de recepciones de todo el frente de la fachada, comedor, otros salones, cocinas, etc., dando mayor importancia al aspecto externo.”



A pesar de que en el proyecto original de 1923 se contemplaba la colocación de las esculturas de Guerra, en el remate del diseño final las cuatro figuras se eliminaron y en palabras de Rafael Toriz: “fueron resguardadas en la enorme bodega que durante años fue el inconcluso Palacio Legislativo… Arrumbadas en algún rincón -junto con otras estatuas que posteriormente fueron repartidas por toda la ciudad-, las virtudes pasaron ocho años juntas, lejos de la vista del público; del escudo nacional, no se volvió a saber nada…”

En 1931, el presidente Pascual Ortiz Rubio ordenó el traslado de las cuatro esculturas al Bosque de Chapultepec. En un extraño momento de nacionalismo localista, el coronel Adalberto Tejeda, gobernador del estado de Veracruz, reclamó la obra de Enrique Guerra “Eminente Xalapeño” que aún vivía; con la intervención del propio Plutarco Elías Calles, se enviaron a Xalapa tres de las esculturas y una -"TEMPLANZA”- permaneció en Chapultepec.



De las esculturas que se llevaron a Xalapa, el gobierno de esa ciudad, publicó en 2007 un documento que dice: “En la parte situada al sur del parque Juárez (la parte de atrás, hacia Allende), en el lugar que ocupaba la huerta del convento de San Francisco, fue construido lo que hoy se denomina Paseo del Ayuntamiento. En la parte central de este, pueden verse cuatro estatuas que representan a las virtudes cardinales: Fortaleza, Justicia, Prudencia y Templanza. Las tres primeras se colocaron en 1931, mientras que la última se fijó en 1979.”

Sigue: “Las cuatro estatuas originales fueron obra del escultor xalapeño Enrique Guerra. Las hizo en 1910 para adornar el Palacio de Relaciones Exteriores en la ciudad de México, pero no las pusieron por falta de espacio (sic.) y las guardaron. Después fueron donadas tres de ellas a la ciudad de Xalapa: Fortaleza, Justicia y Prudencia (elaboradas en mármol de Carrara) y posteriormente se integró una copia de Templanza (hecha en mármol de Tlatila), obra de Armando Zavaleta León, ya que la original se encuentra en Chapultepec cerca del monumento a los Niños Héroes en la ciudad de México. Cada escultura mide tres metros de altura.”

Y agrega el redactor de “TuXalapa”: “Templanza, moderadora de apetitos y pasiones, está representada con la figura de un hombre que con sus manos sujeta a un brioso caballo. Prudencia, caracterizada en la figura de una mujer que con la mano derecha jala la oreja de un sátiro (imagen del desorden y de la desvergüenza). Fortaleza sostiene en sus manos un mazo y detrás de él, a la altura de su rodilla izquierda, destaca la cabeza de un león (emblema de la fuerza y del valor). Por último, Justicia, representada por una figura femenina que sostiene en sus manos una espada de la que cuelgan unas cadenas a su costado izquierdo.”



Del proyecto de 1923, el arquitecto Carlos Obregón Santacilia nos dice en “Cincuenta Años de Arquitectura Mexicana” de 1952: “El estilo adoptado –todavía en aquellos tiempos se discutía de qué número de Luís debería ser el edificio– fue un Luis XIV en realidad, al cual procuré darle siquiera un tratamiento a la manera del neoclásico de Tolsá, estilo de importación con ciertos barroquismos a la manera italiana del siglo XVII pero que había adquirido carta de naturalización. Barroquismo como el de remeter toda la composición del pórtico de columnas dóricas dentro de muros curvos en forma de nicho y que yo traté de hacer inspirándome en las portadas laterales del Palacio de Minería.”



Las obras de mejoramiento a la casa de don Francisco Espinosa -que como ya hemos visto ya había sido intervenida en 1910 por el arquitecto Nicolás Mariscal-, iniciaron en Julio de 1923 siguiendo un proyecto del joven arquitecto Carlos Obregón Santacilia y concluyeron el 15 de Noviembre de 1924, para ser inauguradas por el Presidente Álvaro Obregón.

Todo el revestimiento se hizo en “piedra blanca de Pachuca” (la misma que Boari había escogido para el Palacio Postal), que la intemperie oxida por los residuos ferrosos dando un tono oro pálido… En el plano –del anteproyecto de Obregón Santacilia– se pueden ver mejor algunos de los detalles que luego fueron eliminados en el diseño final.

La foto de arriba, apareció en el “Álbum de Obras Materiales hechas por el Gobierno Federal entre 1920 y 1924”; la de abajo, es parte de las imágenes captadas por Luís Márquez (DGPU-DBAC UNAM), cuando se acababa de demoler la residencia Martínez del Río.



Nos dice Gustavo Vargas Martínez, que en 1924, Manuel Centurión labró una escultura de Bolivar (para acompañar las de Hidalgo, San Martín y Washington en los medallones del primer cuerpo del edificio), que durante muchos años estuvo en la fachada y actualmente está en el Museo de la Ciudad de México…



El arquitecto Obregón Santacilia decía en 1952 que : “El estilo general del edificio resultó un Luis XIV –en la antigua Secretaría había un sofá y dos sillones de ese estilo–, sumamente sobrio, y al cual se ha procurado dar en el interior, modernizado y simplificado, todas las comodidades modernas...

Arriba, una fotografía del acceso interior al edificio remodelado en 1923; abajo, el patio princpal y arranque de la nueva escalera. Más abajo, los desahogos de la escalera en el primer piso y arriba a la derecha el piso acristalado que cubría el patio para transformarlo en un enorme espacio de recepciones que complementaba al salón principal…






En el tercer piso, aprovechando la totalidad del frente de la construcción hacia Avenida Juárez, se habilitó un espectacular “Salón de Embajadores” que a la manera revolucionaria, pretendía emular el modelo impuesto por Contri en el diseño del Gran salón en la Secretaría de Comunicaciones y Transportes…



En la crónica que describe la remodelación del edificio, Gustavo Vargas Martínez nos dice:
“El edificio alcanza su mayor suntuosidad en la parte destinada a recepciones; el hall está cubierto por una bóveda de arista, toda de cristal, sostenida por cuatro grandes arcos de piedra; y tanto los muros como la media cúpula que remata la escalera, están cubiertos de mosaico dorado.”

“Esta bóveda de arista fue diseñada por Roberto Montenegro quien participó en el equipo de trabajo del arquitecto Obregón Santacilia, cuando fue Secretario de Relaciones el ingeniero Alberto J. Pani, durante el gobierno del General Obregón.”


Y sigue Vargas Martínez: “El trabajo, realizado a base de diseños que evocan festones de frutos y líneas concéntricas, con cierta reminiscencia de un plafón de Mallorca y algunos vitrales modernistas catalanes no escapa a las referencias nacionalistas de la época: La cubierta del hall, de cristales emplomados, era un acierto de colorido, a la vez rico y discreto, que los fotograbados en blanco y negro no pueden hacer apreciar debidamente; los dibujos ornamentales, y sobre todo las cornucopias y los racimos de frutas del trópico mexicano, fueron diseñados y proyectados por el pintor Roberto Montenegro.”

Desafortunadamente, nunca he logrado encontrar buenas fotografías (a color) del espacio descrito –apenas la imagen de arriba (que agradezco a Marcel Santamaría), en que aparece el remate de la escalera y un fragmento de esa “bóveda de arista, toda de cristal” de Montenegro –, por lo que habremos de atenernos a esa descripción del patio que se encontraba justo arriba de la techumbre acristalada que se ve en la foto de abajo y que debió ser realmente espectacular.



El nuevo edificio permaneció en su contexto sin alteraciones importantes desde 1924 hasta 1964, aunque el entorno sufriría cambios sustanciales.

Abajo, en una fantástica fotografía de Hugo Brehme fechada en 1929, aparece la primera cuadra de la Avenida Juárez a su encuentro con el Paseo de la Reforma; de izquierda a derecha, pueden verse la casa del general Limón –que se transformaría en –; la estatua ecuestre de Carlos IV; la residencia De la Torre/Díaz () ya transformada en sede de la Lotería Nacional; un fragmento de la residencia Limantour, cuando albergaba la Embajada de los Estados Unidos de América; el edificio edificado en 1905 sobre el predio que ocupó la residencia Morán; y finalmente, la Secretaría de Relaciones Exteriores, sobre la estructura de lo que en 1894 fuera la casa de don Francisco Espinosa, Tesorero General de la Federación…



Los cambios en ese entorno serían de enorme trascendencia para la Ciudad de México, pero desde 1932 y hasta 1965, me resulta indispensable destacar tres mutaciones, específicamente las relacionadas con las casas De la Torre y Limantour, así como la estatua ecuestre de Carlos IV…


La residencia en el número 1 de la Plaza de la Reforma había pertenecido a don José Ignacio de la Torre y Mier, y a doña Amada Díaz Quiñones; era una de las residencias más espectaculares de la ciudad y luego de la Revolución –cuando fue ocupada por la tropa del General Pablo González– se usó para albergar las oficinas de la Lotería Nacional. Más datos en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2012/11/la-casa-de-la-torre-y-mier-diaz.html

Luego de su destrucción en 1934, se edificó sobre el predio y otros aledaños el nuevo edificio “El Moro” de la Lotería Nacional que se estrenó en 1942, siguiendo un proyecto del ingeniero José A. Cuevas.



A partir de 1909, don José Yves Limantour inició la edificación de una nueva residencia para doña María Cañas Buch de Limantour en Plaza de la Reforma, frente a la estatua ecuestre de Carlos IV, y como remate al Paseo; fue proyecto del arquitecto Mauricio de Maria y Campos. Más datos en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2012/11/las-casas-de-don-jose-yves-limantour.html

Aunque Limantour nunca estrenó la casa, la edificación sirvió varios propósitos, hasta que fue destruida por estar justo en el camino de la ampliación del Paseo que le dio jerarquía…



Finalmente, es necesario mencionar “El Caballito”; la estatua ecuestre de Carlos IV fue diseñada por Manuel Tolsá en 1796 para colocarse al centro de la Plaza Mayor (ahora de la Constitución -de Cádiz-); se fundió y colocó ahí en 1803, pero en 1822 se retiró y resguardó dentro del patio principal de la Universidad. Para 1852 se trasladó al Paseo de Bucareli y esa glorieta marcaría en 1865 el arranque del nuevo Paseo de la Emperatriz, que ahora conocemos como Paseo de la Reforma.

En 1979 la magnífica estatua fue colocada en su situación actual, la “Plaza Manuel Tolsá” frente al Palacio de Minería -espacio que cedió el edificio de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, y que ahora llamamos Museo Nacional de Arte-, un entorno más acorde a su escala. «México la conserva como un monumento al arte»



Arriba, en una fotografía oblicua de la “Compañía Mexicana de Aerofoto” fechada en 1933, aparecen el Paseo de la Reforma (extrema derecha), Avenida Juárez (abajo izquierda) y el cruce con la calle de Rosales (abajo derecha) y el Paseo de Bucareli; al centro de ese cruce, en un prado rectangular, se distingue la estatua ecuestre de Carlos IV.

En la foto he marcado (N°1) el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores en lo que fuera la casa Espinosa con sus ampliaciones sucesivas y donde puede distinguirse la fachada a la calle de Colón; con el número 2 se señala la casa Limantour y con el número 3 la casa De la Torre.


Al designarse a Ernesto P. Uruchurtu como regente del Distrito Federal se inició una de las etapas más peculiares para un Paseo de la Reforma que ya se había ampliado atravesando Chapultepec –sobre la Calzada de la Exposición–, para integrar a la ciudad el nuevo fraccionamiento “Chapultepec Heights”; ahora, las consecuencias serían graves para nuestro edificio: bajo el nuevo “Plan Rector de la ciudad de México”, se crearon y ampliaron varias avenidas, y entre estas el Paseo de la Reforma. Así, desde el Caballito y “dando continuidad al trazo”, a partir de 1952 se destruyeron construcciones para continuar el Paseo unos 2.6 kilómetros hasta llegar a la Glorieta de Peralvillo.


Arriba, un esquema del crecimiento del paseo de la Reforma, que aparece en wikipedia; abajo, una vista de la zona en 1957, antes de la destrucción y ampliación, tomada por Nacho López en la serie “Ciudad de México de día”.



Abajo, una imagen del libro que para 1964 publicó el Departamento del Distrito Federal –encabezado por Uruchurtu–, haciendo un recuento de las obras ejecutadas en el período entre 1952 y 64; ahí se publicó la fotografía que aparece con el pié: “La prolongación del Paseo de la Reforma es sin duda una de las obras urbanísticas de mayor trascendencia emprendida por las autoridades en estos últimos doce años. Además de complementar el sistema vial básico, ha servido para la regeneración de zonas populosas tales como Guerrero, Santa María la Redonda y Peralvillo, que se habían convertido en verdaderos tugurios enclavados en el centro de la ciudad.”


Me sorprende de la imagen que la perspectiva sobre esa ampliación del Paseo muestra los restos del convento de San Diego (se distingue la cúpula al centro derecha) y la nueva apertura de Avenida Hidalgo con la Alameda; lo que me conmueve y NO indica, es que justo donde se encuentran las máquinas trabajando en primer plano y el carro cisterna, estaban la calle de Colón, la residencia Limantour y el edificio de la Secretaría de Relaciones Exteriores, que en el S. XIX fuera casa de don Francisco Espinosa…



Considero infortunada la destrucción de la casa de don Francisco Espinosa sobre Avenida Juárez, en particular luego de la intervención de Carlos Obregón Santacilia y la remodelación de la escalera en 1923.

En la imagen de arriba, una toma oblicua del 17 de Mayo 1963 de la Compañía Mexicana de Aerofoto, he marcado el contorno de los edificios que pertenecían a la Secretaría y que fueron objeto de la intervención de Obregón Santacilia; se distinguen fácilmente la fachada a la calle de Rosales –diseño de Mariscal que se conservó–, la media bóveda que remataba la escalera y la techumbre a cuatro aguas que cubría el patio de recepciones del edificio principal. Aparece además la casa Limantour (al centro) antes de su destrucción, con la calle de Rosales abajo al centro, y a la derecha el edificio “El Moro” de la Lotería Nacional con su remate “streamline” de platos. El edificio con el N°97 de Avenida Juárez -con el anuncio de “Ronson” en la cima- aún existe con su remate neogótico.

La Secretaría de Relaciones Exteriores mudó sus oficinas en la Torre Tlatelolco, diseñada en 1960 por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, en la esquina Sur-Oriente del Conjunto Urbano Nonoalco Tlatelolco y colindante a una zona arqueológica recién rehabilitada. El proyecto de 37,000m² delimitado por la Plaza de las tres Culturas, áreas de servicios de la Parroquia de Santiago y de la unidad habitacional resultó un nuevo ícono, gracias a la torre que destacaba por modernidad y altura.



Buena parte del moblaje del viejo edificio de la SRE, que ahora parecía anacrónico ante la modernidad de las nuevas instalaciones, desapareció de almacenes y de las esculturas diseñadas por Manuel Centurión o los vitrales de Roberto Montenegro no he encontrado rastro…


Arriba, en un fragmento de la fotografía aérea de la Ciudad de México que corresponde a 1979, puede verse la zona en que se ha marcado el sitio donde se encontraba la estatua ecuestre de Carlos IV (estrella roja) así como la manzana y el predio que albergó la casa N°108 de la Calle de Patoni y que perteneció a don Francisco Espinosa. La transformación de la zona es sorprendente y en un fragmento del terreno ahora se levanta la torre que en 1971 se diseñó para la Lotería Nacional.


Los arquitectos Ramón Torres y Héctor Velázquez -con David Muñoz y Sergio Santacruz-, diseñaron desde 1970 el magnífico edificio conocido como la Torre de la Lotería Nacional o “Torre Prisma”, edificio de 28 niveles, 55,000.00 m² construidos, calculado por Colinas y de Buen, y resuelto en una planta triangular con estructura metálica aparente que libera completamente la planta baja en la confluencia de las avenidas Juárez y Reforma.

La solución estructural, el sistema de excavación, levantamiento de la estructura, y los entrepisos resueltos como plataformas integrales, le confieren probada seguridad estructural; plantas libres y algunas esquinas resueltas a doble altura, permiten flexibilidad y continuidad espacial, en un edificio de notable modernidad, que en nada recuerda al anterior ocupante de la esquina de ese terreno...




Arriba, en una magnífica imagen que apareció en la publicación de EXCELSIOR “México 1925”, la fachada principal de la Secretaría de Relaciones Exteriores, luego de la remodelación que realizó Carlos Obregón Santacilia al edificio inaugurado en 1910 y remodelado por Nicolás Mariscal de lo que a final del siglo XIX había sido la residencia Espinosa, diseñada por el ingeniero Ventura Alcérreca.

De esa evolución, nos queda en Chapultepec la fuente que conserva “TEMPLANZA” de Enrique Guerra…



Este Blog se ha hecho gracias al apoyo incondicional de Julieta Fierro; está dedicado a las “Grandes casas de México” y pretende rescatar fotografías e historia de algunas de las residencias que al paso del tiempo casi se han olvidado y de las que existe poca información publicada. El objeto es la divulgación, por lo que se han omitido citas y notas; si alguien desea mayor información, haga favor de contactarme e indicar el dato que requiere. Si utilizan las imágenes, favor de indicar la fuente –aunque advierto que pueden tener registro de autor–. Conforme haya más entradas (ya hay más de 50), aparecerán en el índice a la derecha de ésta página…

También se puede encontrar un índice general en: http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/indice-de-grandes-casas-de-mexico.html



8 comentarios:

  1. Rafael: Eres un gran historiador. Gracias.

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  2. Increíble blog. Una gran felicitación al creador, Rafael Fierro Gossman. Estaría muy bien que realice entradas de las casonas más imponentes de la blanca Mérida, Yucatán, que nada tienen que envidiarle a las Europeas. Como ejemplo, las mansiones de los hermanos Cámara Zavala o el Palacio Cantón.
    Muchas gracias por este gran aporte a la memoria histórica y felicidades, de nuevo.

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  3. La casa de Marsella 44 en la colonia Juárez ¿fue la embajada de la alemania nazi en México durante los años 40?

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    1. "Anonimus":
      No tengo información de que funcionara como embajada.
      Marsella N°44 fue casa de la tristemente célebre “Baronesa” (Barón Ernst von Hoyningen-Huene) Nancy Oakes y su último marido Patrick Tritton, y ha sido transformada en Rectoría y Museo de la Escuela Bancaria y Comercial…
      La hermosa Nancy Oakes von Hoyningen-Huene era –literalmente– parte del Jet-Set que favoreció Acapulco. La tristeza de su celebridad radica en que su padre, el millonario Sir Harry Oakes fue asesinado (probablemente a manos de su propio esposo Alfred de Marigny), perdió a sus hermanos en accidentes absurdos y pasó malos ratos en sus matrimonios con Marigny (businessman y playboy), Ernst-Lyssandt von Hoyningen-Huene (de quien conservó el título de Baronesa) y Michael Tritton.

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    2. http://grandescasasdemexico.blogspot.mx/2016/02/la-casa-de-la-baronesa-nancy-oakes-en.html

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  4. Este comentario ha sido eliminado por el autor.

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  5. Saludos. Le dejo el siguiente vínculo donde aparece una imagen clara de la bóveda de arista que diseñó Roberto Montenegro (página 245): http://132.248.9.195/ptd2009/octubre/0650362/Index.html
    Tésis Alberto J. Pani, promotor de la arquitectura en México, 1916-1955
    5.3 Promotores y profesionista, relación con condiciones: la remodelación de la Secretaría de Relaciones Exteriores

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